La palabra: principio de guerra o paz. El hombre como ser humano y por su propia naturaleza, siente; fruto del sentimiento, sufre, ama, odia o alcanza alegrías. Estas emociones surgidas del sentimiento generan pensamientos, que bien pueden ser positivos o negativos y estos por último se materializan con la palabra y posteriormente con la acción.
La soledad no es un estado natural del hombre, éste es un ser sociable y por tanto esa es su naturaleza; como parte de una sociedad necesita ejercitarse en procesos que faciliten y desarrollen sus pensamientos; estos procesos son producto del dialogo que a su vez modifica o crea nuevas formas de pensamiento, en un constante ciclo que genera conocimiento.
Este advenimiento fortalece en ultimas la cultura y el ser social.
El dialogo es la plática entre dos o mas personas, que alternativamente manifiestan sus ideas, pero ¿que pasa cuando esas manifestaciones se expresan de tal manera que afectan nocivamente al interlocutor?.
Es claro que a través de la palabra se involucran las personas y ésta tiende un puente por medio del cual se transfieren los sentimientos, pero si no hay acuerdo entre la palabra y la acción, los sentimientos degeneran en pasiones que terminan por alterar la intención inicial y transformar el amor en odio, la ternura en egoísmo.
Todas las personas sienten amor, producto de amores mal aforados, surge el odio y sea cual sea su motivo, grande o pequeño, no se puede evitar sentirlo. Es allí cuando la palabra se hace conflicto porque la deformación del sentimiento genera otras formas de pensamiento que a su vez modifican la expresión y la acción hacia el otro.
Cuando las palabras se hacen saetas, necesariamente expresan soledad y egoísmo y no por la falta de compañía, sino por falta de buen uso del dialogo, que en ultimas es la hilaridad de la palabra.
De lo anterior se infiere pues, que la palabra puede ser un principio de guerra. Pero la acción complementaria, escuchar, también actúa como un puente para los pensamientos y sentimientos del otro y permite el flujo ordenado de las ideas y el entendimiento entre las personas sin que haya contradicción ni mensajes alterados, fortaleciendo de paso las relaciones.
La palabra es poder, encierra en ella misma la esencia del todo, porque nada que no exista en la palabra, puede existir. La palabra es poder porque en ella se encuentra contenida la fuerza del pensamiento y en ella se materializa. Como expresión material del pensamiento, la palabra construye o destruye según sea la intención y el discurso.
Es así que la palabra puede ser utilizada como una herramienta o como un arma, es por ello que cada palabra que se diga, debe ser medida en su verdadera dimensión, porque aunque en apariencia es solo el producto del aire al paso por nuestras cuerdas vocales, su poder es tal que suele acunarse en el pensamiento de otros de tal manera que puede cambiar su visión del mundo, modificar sus decisiones y por lo tanto sus acciones.
La palabra es por tanto la esencia misma de la vida, en su contenido se construye el mundo, se entretejen las relaciones y se vigoriza la amistad, que en ultimas redunda en armonía y progreso. Del adecuado uso de la palabra, surgen las buenas relaciones que fructifican en amistades y se fortalecen formando grupos de personas que en esencia son los que modifican o destruyen. El fortalecimiento de los grupos recrea comunidades y las relaciones entre comunidades que habitan un mismo espacio territorial configuran una nación y un ser social. De la unidad en la palabra de una nación, depende su progreso y su fortalecimiento social y de éste depende que se obtenga una condición privilegiada o se generen guerras.
Así las cosas, se puede observar como cada persona de un grupo con sus palabras y acciones, es participe en la construcción de una sociedad. Siempre que la palabra se utilizada como una herramienta. El discurso como construcción de ideas producto de la palabra, el entendimiento y el conocimiento; fortalece las relaciones entre las personas y armoniza las acciones de estas; orientando los intereses comunes y fortaleciendo la unidad de los grupos. Esta unidad de los grupos, siempre y cuando respeten sus diferencias, permite encaminar la acción hacia el progreso de cada uno y de todos y es esto lo que determina en ultimas la fuerza de una nación. Es así como la palabra se convierte en un principio de paz.
La soledad no es un estado natural del hombre, éste es un ser sociable y por tanto esa es su naturaleza; como parte de una sociedad necesita ejercitarse en procesos que faciliten y desarrollen sus pensamientos; estos procesos son producto del dialogo que a su vez modifica o crea nuevas formas de pensamiento, en un constante ciclo que genera conocimiento.
Este advenimiento fortalece en ultimas la cultura y el ser social.
El dialogo es la plática entre dos o mas personas, que alternativamente manifiestan sus ideas, pero ¿que pasa cuando esas manifestaciones se expresan de tal manera que afectan nocivamente al interlocutor?.
Es claro que a través de la palabra se involucran las personas y ésta tiende un puente por medio del cual se transfieren los sentimientos, pero si no hay acuerdo entre la palabra y la acción, los sentimientos degeneran en pasiones que terminan por alterar la intención inicial y transformar el amor en odio, la ternura en egoísmo.
Todas las personas sienten amor, producto de amores mal aforados, surge el odio y sea cual sea su motivo, grande o pequeño, no se puede evitar sentirlo. Es allí cuando la palabra se hace conflicto porque la deformación del sentimiento genera otras formas de pensamiento que a su vez modifican la expresión y la acción hacia el otro.
Cuando las palabras se hacen saetas, necesariamente expresan soledad y egoísmo y no por la falta de compañía, sino por falta de buen uso del dialogo, que en ultimas es la hilaridad de la palabra.
De lo anterior se infiere pues, que la palabra puede ser un principio de guerra. Pero la acción complementaria, escuchar, también actúa como un puente para los pensamientos y sentimientos del otro y permite el flujo ordenado de las ideas y el entendimiento entre las personas sin que haya contradicción ni mensajes alterados, fortaleciendo de paso las relaciones.
La palabra es poder, encierra en ella misma la esencia del todo, porque nada que no exista en la palabra, puede existir. La palabra es poder porque en ella se encuentra contenida la fuerza del pensamiento y en ella se materializa. Como expresión material del pensamiento, la palabra construye o destruye según sea la intención y el discurso.
Es así que la palabra puede ser utilizada como una herramienta o como un arma, es por ello que cada palabra que se diga, debe ser medida en su verdadera dimensión, porque aunque en apariencia es solo el producto del aire al paso por nuestras cuerdas vocales, su poder es tal que suele acunarse en el pensamiento de otros de tal manera que puede cambiar su visión del mundo, modificar sus decisiones y por lo tanto sus acciones.
La palabra es por tanto la esencia misma de la vida, en su contenido se construye el mundo, se entretejen las relaciones y se vigoriza la amistad, que en ultimas redunda en armonía y progreso. Del adecuado uso de la palabra, surgen las buenas relaciones que fructifican en amistades y se fortalecen formando grupos de personas que en esencia son los que modifican o destruyen. El fortalecimiento de los grupos recrea comunidades y las relaciones entre comunidades que habitan un mismo espacio territorial configuran una nación y un ser social. De la unidad en la palabra de una nación, depende su progreso y su fortalecimiento social y de éste depende que se obtenga una condición privilegiada o se generen guerras.
Así las cosas, se puede observar como cada persona de un grupo con sus palabras y acciones, es participe en la construcción de una sociedad. Siempre que la palabra se utilizada como una herramienta. El discurso como construcción de ideas producto de la palabra, el entendimiento y el conocimiento; fortalece las relaciones entre las personas y armoniza las acciones de estas; orientando los intereses comunes y fortaleciendo la unidad de los grupos. Esta unidad de los grupos, siempre y cuando respeten sus diferencias, permite encaminar la acción hacia el progreso de cada uno y de todos y es esto lo que determina en ultimas la fuerza de una nación. Es así como la palabra se convierte en un principio de paz.
2 comentarios:
me gusto el tema visto en la pagina, y me pareceria excelente que me escribieras.
es, excelente, admiro tu creatividad, la profundidad de tus pensamientos, espero poder compartir contigo el tema y ojala aporte algo importante. te felicito. Lucia Piedrahita luciapiedra2@yahoo.es
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